La crecida del río Bermejo inunda el Chaco salteño y deja comunidades aisladas en Rivadavia
La crecida del río Bermejo, producto de lluvias en Bolivia, provocó una grave situación en el departamento Rivadavia. Sin precipitaciones locales, el avance del agua cubrió extensas zonas del monte y dejó a cientos de familias aisladas, con necesidades urgentes de alimentos y agua potable.
El impacto es visible a lo largo de la ruta provincial 13, donde grandes extensiones quedaron completamente anegadas. En zonas cercanas a La Estrella, el paisaje se transformó en una inmensa laguna que se extiende por kilómetros, alterando la vida cotidiana de las comunidades rurales.
Los parajes más afectados son El Cocal y El Chañaral, donde viven más de 600 personas. Allí, la situación es crítica: la escuela quedó bajo el agua, los chicos no pueden asistir a clases y los caminos se volvieron intransitables. Incluso una docente sufrió un accidente al intentar llegar a dar clases.
Las familias enfrentan una emergencia humanitaria. La falta de agua potable, alimentos y materiales básicos como plásticos para refugios se vuelve cada vez más urgente. Además, el aislamiento complica la llegada de ayuda, ya que el río formó barreras naturales difíciles de atravesar.
El impacto también golpea de lleno a la economía local. Muchos animales quedaron atrapados por el agua, algunos murieron y otros lograron escapar hacia zonas más altas. La pérdida de ganado representa un duro golpe para familias que dependen casi exclusivamente de esa actividad.
En localidades como Morillo y Rivadavia Banda Norte, el nivel del agua podría mantenerse alto durante varios días, pese a que en otras zonas el río comenzó a descender.
En Estación Juan Solá, el escenario es aún más complejo. Se registraron lagunas de hasta 10 metros de profundidad y caminos completamente destruidos. La emergencia se extiende por más de 120 kilómetros, dejando a cientos de familias aisladas.
Ante el colapso de los accesos terrestres, la asistencia depende en gran medida de operativos aéreos. Hasta el momento, el Comité de Emergencia logró asistir a unas 150 familias, pero aún quedan al menos 180 grupos familiares esperando ayuda en Morillo.
El intendente Ariel Arias calificó la situación como una de las más graves de los últimos años y advirtió que el impacto no termina con la inundación. El fenómeno del barro posterior al descenso del agua amenaza con destruir viviendas y complicar aún más la recuperación.
En paralelo, crece la solidaridad. En distintas localidades se organizan colectas y campañas para reunir alimentos, ropa y recursos. Incluso en Morillo impulsan la compra de una lancha para mejorar la capacidad de asistencia.
Mientras el río comienza a bajar lentamente en algunas zonas, el desafío recién empieza: la reconstrucción de comunidades que perdieron viviendas, pertenencias y su principal fuente de ingresos.